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Puedes intentar olvidar los malos recuerdos, pero ellos no a ti. Las malas memorias tienen vida propia, respiran y hablan, cantan el cuento de tu perdición. Al fin y al cabo se visten de artículo distinto y no ven, no escuchan, pero si tienen sexo.
Él es evidentemente mejor que tú, Mientras el otro voltea y golpea su cigarro. Pero no sabe qué decir o si lo dice bien, Lo atacó un sabelotodo, No olvidaron su ceceo. Pero si los dos lo hacen es una locura, Y si los dos lo olvidan ya no tiene sentido. Así ninguno puede hablar lo mismo, Y conviene saber, No conviene entender. ¡Él también cecea maldición! ¿Y qué cuestiona? Pero él solo interpretaba a otro en toga. En todo caso no buscaban lo mismo, Mordieron mal la lengua, Postergaron el té. Y yo muriendo a carcajadas, Yo entendiendo lo que ambos decían. Pero si soy mejor que los dos juntos, Y además no llevo bigote, Además yo no ceceo. Ellos flamearon en los pezones infinitos, Pero yo cuento con la lengua poseedora. Son mías esas fresas...
Mías y de nadie más.
