Él es evidentemente mejor que tú,
Mientras el otro voltea y golpea su cigarro.
Pero no sabe qué decir o si lo dice bien,
Lo atacó un sabelotodo,
No olvidaron su ceceo.
Pero si los dos lo hacen es una locura,
Y si los dos lo olvidan ya no tiene sentido.
Así ninguno puede hablar lo mismo,
Y conviene saber,
No conviene entender.
¡Él también cecea maldición! ¿Y qué cuestiona?
Pero él solo interpretaba a otro en toga.
En todo caso no buscaban lo mismo,
Mordieron mal la lengua,
Postergaron el té.
Y yo muriendo a carcajadas,
Yo entendiendo lo que ambos decían.
Pero si soy mejor que los dos juntos,
Y además no llevo bigote,
Además yo no ceceo.
Ellos flamearon en los pezones infinitos,
Pero yo cuento con la lengua poseedora.
Son mías esas fresas...
Mías y de nadie más.


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